martes, 4 de octubre de 2016

Método de la Oración centrante

Explicación del método de la Oración Centrante



Es un método sencillo que lo que se pretende es un nivel íntimo de oración con Dios.

Buscar un lugar preferiblemente sin ruidos exteriores para lograr desconectar los sentidos de la actividad ordinaria.

Se escoge una “palabra sagrada” corta que exprese la intención de abrirse a Dios (por ejemplo, Fe Jesús, paz, amor, Dios). Esta palabra sagrada ayuda a centrase en el silencio cada vez que un pensamiento llegue a la mente.  Los pensamientos siempre vienen y van, pero el uso de esta palabra sagrada, nos ayuda a espaciar esos pensamientos y con el tiempo a dejarlos pasar sin distracción.

La postura recomendada para el cuerpo es sentarse en un lugar cómodo, cerrar los ojos y abrir las manos en disposición de recibir las bendiciones.  Los pies no se deben cruzar.

Se entrega ese momento divino para que el alma descanse en Dios. Cada vez que llegue un pensamiento al subconsciente, suavemente se repite en la mente la palabra sagrada que se escogió.

Se organizan diariamente dos tiempos de veinte o treinta minutos cada uno (por la mañana antes de empezar la jornada del día y por la tarde antes de terminar el día).

Al terminar el tiempo, esperar unos dos minutos antes de abrir los ojos para que no se salga muy repentinamente al exterior.



En el siguiente video les comparto los pasos para hacer la oración centrante.










Lc. 10, 38-42 Marta y María

Evangelio según San Lucas 10,38-42.



38 Siguiendo su camino, entraron en un pueblo, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. 39 Tenía una hermana llamada María, que se sentó a los pies del Señor y se quedó escuchando su palabra. 40 Mientras tanto Marta estaba absorbida por los muchos quehaceres de la casa. En cierto momento Marta se acercó a Jesús y le dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para atender? Dile que me ayude.»

41 Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, tú andas preocupada y te pierdes en mil cosas: 42 una sola es necesaria. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada.»

Palabra del Señor



lunes, 3 de octubre de 2016

Oración Centrante. Objetivo y Frutos

Objetivo de la Oración Centrante


Con la práctica de la oración centrante, se busca un nivel más profundo en la vida interior. Los pensamientos, recuerdos y experiencias pasadas se encuentran sumergidos en el interior de la persona y lo que se busca es rendirlos al amor de Dios para que pueda fluir una gracia sanadora en el alma.

El método de la Oración Centrante es una oración de entrega a Dios y es el camino a la contemplación. Para explicarlo de manera sencilla, la Oración Centrante consiste en entregar durante el momento de la oración, todo sentimiento, emociones y situaciones que se puedan estar viviendo.

Frutos de la oración centrante

En la medida que se realiza la práctica constante de esta oración y se tenga algún crecimiento espiritual, podrá notarse una sutil presencia de Dios en las actividades diarias. Poco a poco se irá moldeando el “falso-yo”, que busca la felicidad en un grupo determinado en donde encuentra aceptación para mantener su auto-estima. Por medio del silencio interior, Dios da vida a un “nuevo–yo” que lo va liberando de sus percepciones equivocadas y le brinda una felicidad verdadera.

El alma está sedienta de esos momentos de silencio. Es como una medicina que debe de tomarse con dosis establecidas para sanar al enfermo. Así mismo, la vida interior requiere unos minutos de quietud que le proporciona la forma más profunda de reposo espiritual. La Oración Centrante es una forma de decirle a Dios: “Aquí estoy.”

Lc. 10, 25-37 El buen samaritano

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 10,25-37.


Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?".
Jesús le preguntó a su vez: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?".
El le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo".
"Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida".
Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: "¿Y quién es mi prójimo?".
Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.
Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.
También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino.
Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.
Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.
Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: 'Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver'.
¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?".

"El que tuvo compasión de él", le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: "Ve, y procede tú de la misma manera".

Palabra del Señor












domingo, 2 de octubre de 2016

Lc. 17, 5-10 Si tuvieras fe como un grano de mostaza

Lectura del santo evangelio según san Lucas 17, 5-10



En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor: -«Auméntanos la fe.» El Señor contestó: - «Si tuvieran fe como un granito de mostaza, dirían a ese árbol: "Arráncate de raíz y plántate en el mar." Y el árbol les obedecería. 

Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando este regresa del campo, ¿acaso le dirá: 'Ven pronto y siéntate a la mesa'?


¿No le dirá más bien: 'Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después'?
¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó?
Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: 'Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber'.» 


Palabra del Señor










sábado, 1 de octubre de 2016

Lc. 10, 17-24 Revelación a los pequeños


Evangelio según San Lucas 10,17-24. 

En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron llenos de gozo y dijeron a Jesús: 
"Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre". 
El les dijo: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos.
No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo".
En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar".
Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: "¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven!
¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!".


Palabra de Dios